“Los premios y castigos son condicionamientos: una forma de adiestramiento que se queda en la superficie. Con esa forma de educar no estamos enseñando una habilidad, sino a evitar o repetir una conducta para conseguir algo. El castigo es el origen del bullying, porque los niños aprenden también lo que es la venganza y a infligir dolor a otros. Y los premios y alabanzas son aún más peligrosos porque crean “cerebros adictos” a esa recompensa, una forma fugaz de alegría, que después serán los ‘likes’, el reconocimiento social, los piropos. Hay que enseñarles a buscar la felicidad con metas a medio y largo plazo, que se sientan orgullosos de sí mismos.”
MARÍA SOTO, logopeda y educadora certificada por la Positive Discipline Association.
Créditos; Educación Montessori.







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