El juego, el placer, el arte de combinar las palabras se enseña, se aprende y se descubre.
A los chicos y chicas les encanta si cuidamos, como con cualquier propuesta, que germine en un contexto adecuado y con el entusiasmo imprescindible.
Tuve un alumno inolvidable que sufría muchos problemas familiares. Padre ausente, madre alcohólica. Sin problemas económicos, ella se ocupaba de sus hijos con amor y trataba de ocultar una realidad evidente aún para los que apenas veíamos la punta del iceberg. Él era serio y capaz, amante de las exactitudes matemáticas.
Un día, empezamos a ver metáforas en clase. Cómo armarlas, su relación con la comparación. Esas cosas.
Mi alumnito me dijo que a él no le gustaban las metáforas. Fue un poco gracioso porque si bien era muy inteligente, tenía solo 11 años, pero continuamos y quedamos en que participe como pueda, que lo intente.
Terminaba la clase y como finalización los chicos tuvieron que armar metáforas según ciertas indicaciones.
¿Y saben qué metáfora presentó mi alumno?: “Mi madre es la reina de lo dulce y de lo amargo”.
Fuente; Estrategias educativas. Mar de Plata.
Deja un comentario