Los sonidos y las palabras vienen desde antes del nacimiento y es importante que nuestro hijo o hija aprenda a relacionar desde el principio el mundo de la oralidad y el de la escritura.
Y para que eso suceda los adultos debemos contar cuentos a los niños desde muy pequeños y, sobre todo, leérselos.
Todos los maestros y maestras coinciden en un hecho muy simple: si un niño ha estado en contacto con lectores antes de entrar a la escuela, aprenderá más fácilmente a escribir y leer que aquellos niños que no han tenido contacto con lectores.
A los tres años ya son evidentes las diferencias de vocabulario y de expresión.
¿En qué consiste ese saber preescolar que ayuda tanto a aprender a leer y escribir? Veamos algunos ejemplos:
-Haber escuchado leer en voz alta.
-Haber visto escribir.
-Haber tenido la oportunidad de producir marcas en los papeles,es decir una primera escritura.
-Haber participado en actos sociales donde leer y escribir tiene sentido.
-Haber podido plantear preguntas y obtener algún tipo de respuesta.
Y no quiero referirme a un lenguaje culto, hablo de cierta comunicación, de fiestas familiares, de cuentos tradicionales, de cantos populares, de cierto respeto y aprecio por las palabras.
Es importante y valioso que nuestro hijo descubra que la escritura es la memoria de las palabras, y que los libros son algo así como esas despensas donde se guarda todo lo que hay a nuestro alrededor; ese lugar donde uno puede acudir por las noches, mientras todos duermen, a tomar lo que necesita.
Fuentes;
Estrategias educativas.
Ilustración de Genevieve Godbout.







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